Cuando se cumplen 100 días desde que se declaró el brote de enfermedad por el virus del ébola* en d, Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte de que las comunidades no están recibiendo el apoyo necesario para contener la enfermedad. Este brote se ha convertido en el mayor y más mortífero de la historia del país y continúa propagándose a un ritmo alarmante entre comunidades que ya se enfrentaban a conflictos armados, violencia, desplazamientos, hambre y otras emergencias sanitarias en su día a día.
En las comunidades afectadas por el brote es urgente reforzar la formación de trabajadores sanitarios y líderes comunitarios para lograr mejoras en la detección de casos, las derivaciones y las medidas de prevención y control de infecciones.
Durante la última semana, se han registrado muertes por enfermedad por el virus del Ébola a un ritmo aproximado de una cada media hora. En poco más de 3 meses, desde la declaración del brote y hasta el 18 de agosto, las autoridades nacionales han notificado más de 5.200 casos confirmados y 2.476 muertes.
“La epidemia continúa propagándose y el ritmo al que avanza es superior al de la capacidad de respuesta desplegada”, afirma el doctor Javid Abdelmoneim, presidente internacional de MSF. “Los centros de tratamiento siguen siendo esenciales para salvar vidas, pero esta respuesta necesita algo más que camas adicionales. Necesita una mejor detección de los casos, aislamiento seguro de las personas enfermas y sus contactos, y apoyo para los trabajadores sanitarios. También es necesario proteger frente a la infección a las personas que acuden a los centros de salud existentes para recibir atención. Y, sobre todo, la respuesta debe construirse con las comunidades, no en torno a ellas”.
En el campo de desplazados de Rho, cerca de Drodro, en Ituri, los líderes comunitarios han trabajado con MSF para alentar a las personas con síntomas a hacerse las pruebas y acceder rápidamente al aislamiento y al tratamiento. También promueven medidas de prevención y control de infecciones para reducir el riesgo de transmisión comunitaria. En este campo superpoblado, donde viven cerca de 50.000 personas, esta colaboración ha contribuido a limitar la propagación del ébola y reducir la mortalidad.
“Conocemos nuestras comunidades y sabemos cómo llegar a nuestra gente”, explica Ezrome Kiza Lumani, un líder comunitario que vive en el campo. “Cuando llegó el ébola, no esperamos. Hablamos con las familias, escuchamos sus miedos y animamos a las personas con síntomas a buscar atención médica. Nuestro papel para detener este brote es fundamental”.
Desde que se declaró oficialmente el brote, más del 60% de las muertes por enfermedad por el virus del Ébola en RDC se han producido fuera de los centros de tratamiento del ébola y, a menudo, lejos de ellos. Esto significa que muchas personas están muriendo en sus hogares o comunidades sin recibir atención médica, mientras el virus continúa propagándose antes de que se detecten los casos. Es especialmente preocupante que el número de casos esté aumentando rápidamente fuera del epicentro de Ituri, y que la provincia de Kivu Norte esté registrando niveles especialmente elevados de mortalidad y desconfianza hacia la respuesta.
“Con la aparición de casos en nuevas zonas que tienen poca o ninguna experiencia previa en la gestión de la enfermedad por el virus del Ébola, se necesitan urgentemente trabajadores sanitarios con formación específica, no solo dentro de los centros de tratamiento, sino también en las comunidades afectadas”, afirma Trish Newport, responsable de emergencias de MSF en la provincia de Ituri.
Actualmente, MSF está presente en las provincias de Ituri, Kivu Norte, Kivu Sur, Tshopo y Alto Uélé. Sus equipos gestionan 7 centros de tratamiento del ébola, además de una quincena de unidades de aislamiento, con un total de más de 400 camas disponibles, lo que representa un tercio del total de camas de toda la respuesta de emergencia. La organización cuenta con más de 1.400 trabajadores luchando contra el brote y desde el inicio del mismo ha ingresado a más de 2.000 pacientes, de los cuales más de 800 fueron confirmados con enfermedad por el virus del Ébola.
En Beni, en la provincia de Kivu Norte, MSF ha trabajado para acercar su respuesta a las comunidades. Al apoyar a los centros de salud existentes, que también ofrecen servicios de atención sanitaria general —fundamentales asimismo para salvar vidas—, es posible iniciar rápidamente el tratamiento sistemático y sintomático. En el conjunto de la respuesta al brote en RDC, es necesario hacer mucho más para garantizar que las personas puedan recibir la atención que necesitan cerca de sus hogares.
“Los trabajadores sanitarios y los líderes comunitarios necesitan formación para ayudar a detectar los casos de manera temprana, derivar a las personas de forma segura, reforzar la prevención y el control de infecciones y protegerse a sí mismos y a los demás frente a la infección”, señala Newport. “La Organización Mundial de la Salud (OMS), otras agencias de Naciones Unidas, las organizaciones humanitarias, incluida MSF, y el Ministerio de Salud congoleño deben ampliar urgentemente esta formación y el apoyo”, añade la coordinadora de emergencias de MSF.
Líderes comunitarios como Emery Guba Mateso, que vive también en el campo de desplazados de Rho, comparten sus experiencias para animar a la población a buscar atención médica. Perdió a su hijo a causa de la enfermedad y posteriormente sobrevivió él mismo a una infección.
“Como persona que se ha recuperado de la enfermedad por el virus del Ébola, el mensaje que me gustaría transmitir a la comunidad es que, en cuanto aparecen los primeros síntomas, es importante buscar atención médica de inmediato, porque acceder de forma temprana al tratamiento adecuado aumenta las posibilidades de recuperación”, afirma Guba Mateso.
*Declaración oficial por parte del Ministerio de Salud de R. D. Congo, 23 de mayo de 2026; declaración oficial por parte de la Organización Mundial de la Salud, 25 de mayo de 2026.
