El avance de dos de las infecciones de transmisión sexual (ITS) que más preocupan a los especialistas tiene una característica en común: pueden avanzar sin que la persona sepa que está infectada. El VIH y la sífilis pueden permanecer durante largos periodos sin síntomas evidentes, lo que favorece la transmisión y retrasa el diagnóstico. La diferencia es que una de ellas puede ser controlada con tratamiento de por vida y la otra, si se detecta a tiempo, puede curarse.
En el Perú, el VIH continúa siendo la ITS con mayor número de atenciones en EsSalud. Entre 2022 y 2025 se registraron 97.629 atenciones por enfermedad por VIH, a las que se sumaron 11.280 entre enero y mayo de 2026. Es decir, en poco más de cuatro años se superaron las 108.000 atenciones.
El comportamiento también muestra una marcada diferencia por sexo: los varones concentran entre el 75% y 78% de las atenciones por VIH registradas anualmente. En el conjunto de ITS, EsSalud contabilizó 151.199 atenciones entre 2022 y mayo de 2026. Solo en 2025 fueron 39.725 y, en los primeros cinco meses de este año, otras 16.757.
Entre las infecciones diagnosticadas, además del VIH, aparecen las verrugas anogenitales, sífilis, herpes simple y hepatitis aguda B. La mayor concentración se encuentra en población adulta joven y adulta, especialmente entre los 25 y 49 años.
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Una epidemia que también crece alrededor del VIH
La situación de la sífilis añade otra alerta. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que en las Américas se registraron 4,2 millones de nuevos casos en 2024, un incremento de 15% frente a 2022. América Latina y el Caribe concentran alrededor del 90% de los casos reportados en la región.
Para el doctor José Luis Sebastián, de AIDS Healthcare Foundation (AHF), el incremento no es exclusivo del Perú, sino que forma parte de una tendencia regional. Según explicó, el reporte de la OPS muestra que 71% de los casos afectan a hombres jóvenes, principalmente entre los 20 y 34 años.
El especialista identifica un fenómeno que puede estar favoreciendo esta expansión: las estrategias de prevención del VIH, como la profilaxis preexposición (PrEP), han reducido considerablemente el riesgo de adquirir ese virus, pero algunas personas pueden estar dejando de considerar otras ITS.
"No están tomando en cuenta que no solo el VIH es la única infección que se transmite sexualmente", explicó Sebastián. La sífilis, agregó, puede aprovechar esa menor percepción de riesgo cuando no se utiliza preservativo.
El problema se agrava porque una persona puede tener sífilis sin presentar lesiones visibles. La enfermedad puede producir una úlcera en los genitales o manchas rojizas en distintas partes del cuerpo, pero estos signos no necesariamente aparecen o pueden pasar inadvertidos. Cuando finalmente son reconocidos, la persona pudo haber transmitido la infección.
Dos ITS, dos tratamientos y una misma barrera: llegar a tiempo
El doctor Marco Antonio Montiel González, jefe del Servicio de Infectología del Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins de EsSalud, explica que algo similar ocurre con el VIH: una persona puede permanecer durante años sin síntomas. Por ello, sentirse saludable no descarta una infección.
La diferencia fundamental está en el tratamiento. El VIH no tiene cura, pero puede controlarse eficazmente con medicamentos antirretrovirales. Cuando el tratamiento logra mantener la carga viral controlada, la persona puede desarrollar sus actividades cotidianas y el riesgo de transmisión sexual disminuye de manera significativa.
En las gestantes, además, el tratamiento permite reducir a niveles mínimos la posibilidad de transmisión del VIH al bebé. "Con un buen tratamiento y un adecuado control de la enfermedad, la posibilidad de transmitir el virus al bebé es prácticamente nula", señaló Montiel.
La sífilis, en cambio, sí puede curarse. Su tratamiento de primera línea es la penicilina, cuya administración depende del estadio de la infección. El reto está en detectar a quienes no saben que la tienen.
Y allí aparece un punto en común entre ambas infecciones: la prueba sigue siendo una de las principales herramientas para cortar la cadena de transmisión.
El embarazo concentra una alerta adicional
La prevención adquiere mayor importancia durante el embarazo. Tanto el VIH como la sífilis pueden transmitirse de la madre al bebé si no son detectados y tratados oportunamente.
En el caso de la sífilis, la infección puede provocar aborto espontáneo, muerte fetal, parto prematuro y otras complicaciones. La OPS estima que cerca de 68.000 bebés nacieron con sífilis en las Américas en 2022, mientras que la tasa regional llegó a 4,98 casos por cada 1.000 nacidos vivos, muy por encima de la meta de eliminación.
Sebastián advierte que la prueba de sífilis forma parte de la batería de exámenes del control prenatal. El problema, sostiene, es que no todas las gestantes llegan a ese control a tiempo.
"Lo importante es llegar al control prenatal", enfatizó. Una gestante que recibe el diagnóstico puede iniciar tratamiento y reducir de manera importante el riesgo para su bebé.
Así, el desafío para el sistema de salud no pasa únicamente por atender a quienes ya presentan síntomas. El avance silencioso del VIH y la sífilis obliga a ampliar el acceso a pruebas, fortalecer la educación sexual y garantizar tratamiento oportuno, especialmente entre jóvenes y durante el embarazo.
Mientras el VIH puede mantenerse bajo control con tratamiento y permitir una vida cotidiana plena, la sífilis recuerda que una infección que tiene cura puede seguir propagándose cuando no se detecta. En ambos casos, el primer paso continúa siendo el mismo: saber que se tiene.
