El empresario inmobiliario Hui Ka Yan, fundador del grupo Evergrande, fue condenado a cadena perpetua en China este jueves 20 por delitos de fraude financiero, sobornos y emisión de acciones fraudulenta, entre otros. El tribunal de la ciudad de Shenzhen a cargo del caso también impuso multas de 2.000 millones de dólares a las empresas asociadas a su conglomerado.
La resolución judicial marca el capítulo más reciente del derrumbe de una firma que tuvo importancia capital en el gigante asiático, pero que tras años de malas gestiones y prácticas insostenibles se encuentra en proceso de liquidación.
El camino al colapso
Evergrande fue fundada en 1996 por Hui Ka Yan, también conocido como Xu Jiayin en China, y en poco tiempo la empresa se convirtió en uno de los nombres más pesados del sector inmobiliario chino, pues su llegada coincidió con la explosión urbanística del gigante asiático en esa década.
El debut de la firma en la bolsa de valores de Hong Kong en el 2009 fue auspicioso, y con la recaudación la compañía pudo expandir sus operaciones a casi 300 ciudades chinas, en las que llegó a desarrollar cerca de 1.300 proyectos inmobiliarios.
El conglomerado llegó a emplear directamente a casi 200.000 personas, contando con una red de proveedores de más de 8.000 empresas. En su período más productivo Evergrande vendía más de 600.000 viviendas por año.
Marco Carrasco, investigador y profesor de Desarrollo y Estudios de Asia de la Universidad de San Marcos, comenta que Evergrande es el caso más renombrado de la tendencia de apalancamiento que proliferó en el sector inmobiliario chino durante esos años.
Ese modelo implicaba la compra de terrenos baratos y una construcción veloz, seguida de la preventa de propiedades en planos y a gran escala. Los fondos obtenidos a través de estas transacciones eran inmediatamente reinvertidos para más adquisiciones y a esto se sumaban más préstamos.
“Evergrande llevó todo este sistema a un manejo extremo, muy contra las cuerdas, fiándose demasiado en su liderazgo de ventas de departamentos y en la confianza que generaba en China, pero en ningún momento redujo ese pasivo, sino que seguía comprando y endeudándose más. Incluso exploraba inversiones en otras industrias que nada tenían que ver con el sector inmobiliario, lo que también hacía que cualquier ingreso que tuvieran terminara reinvirtiendo, convirtiéndose en pasivo y finalmente nunca se recuperaba”, comenta Carrasco.
El especialista de la UNMSM refiere que Evergrande fue particularmente importante por su peso dentro de un sector capital para China en el presente siglo, pues la industria de la construcción llegó a significar aproximadamente el 25% en el Producto Interno Bruto (PIB) de la nación asiática.
Dentro de ese contexto, en su pico operativo Evergrande llegó a representar entre el 1% y el 2% del PIB chino y Xu Jiayin ostentó el título de la persona más rica de China en el 2017, con un patrimonio estimado en 42.000 millones de dólares gracias a que en ese período se disparó el precio de las acciones de la compañía en la bolsa hongkonesa.
Esto llegaría a su fin en el 2020, con el gobierno siendo consciente de la formación de una burbuja financiera que necesitaba ser desinflada e introduciendo la política de las “Tres Líneas Rojas” para frenar el sobreendeudamiento.
“Cuando China toma esta medida ya había visto más o menos una muerte anunciada con un sector inmobiliario bastante endeudado. Las empresas tuvieron que sincerar sus pasivos y dejar de recurrir a la jugada de seguir endeudándose, y Evergrande fue la que más sufrió, al punto de que la confianza de los compradores se terminó y no pudo seguir vendiendo más proyectos, generando una espiral que terminó en su colapso”, recuerda Carrasco.
El marco de las “Tres Líneas Rojas” se basaba en tres métricas clave, siendo la primera de ellas que el balance de los pasivos frente a los activos debía ser inferior al 70%, excluyéndose del conteo los pagos anticipados que habían hecho los compradores de propiedades.
En segunda instancia, la deuda neta sobre el patrimonio debía ser inferior al 100% y el tercer criterio señalaba que el efectivo del que disponían las empresas debía ser como mínimo equivalente a la deuda que vencía en el plazo de un año.
El apalancamiento excesivo de Evergrande en la práctica era incompatible con los límites establecidos por las autoridades chinas, impidiendo de forma súbita que la compañía accediera a los recurrentes créditos con los que sustentaba su modelo. Dicho período también coincidió con el estancamiento de la urbanización china y el impacto del declive demográfico.
Había más problemas subyacentes, pues el escenario se vio empeorado por el despilfarro previo del grupo en iniciativas de diversificación, entre las que se encontraban una empresa de vehículos eléctricos y el club de fútbol Guangzhou Evergrande, proyectos que jamás devolvieron la inversión.
En el 2021 la empresa había suspendido obras a lo largo de China por falta de liquidez y se registraron numerosas protestas de compradores de viviendas e inversores, a lo que se suma que en diciembre de ese año las calificadoras de riesgo más importantes la declaran incapaz de cumplir con sus obligaciones financieras.
La empresa había acumulado pasivos por 300.000 millones de dólares, equivalentes a casi el 2% del PIB chino, y tenía deudas con más de 200 entidades financieras, lo que la convertía en un peligro para el sistema.
Para marzo del 2022 Evergrande vio cancelada la cotización de sus acciones y en ese periodo se inició una investigación sobre sus manejos contables. Al año siguiente el gobierno chino ordenó la detención de los directivos más importantes de la empresa por diversos delitos financieros y en enero del 2024 un tribunal de Hong Kong determinó que la compañía debía ser liquidada.
Pese a lo anterior, la escala de Evergrande y su influencia en la economía china hicieron que su desmantelamiento fuera progresivo, priorizando que se terminaran las construcciones que ya habían sido pagadas y transfiriendo proyectos inconclusos a gobiernos locales y otras constructoras.
Más incertidumbre hubo alrededor de los activos de la compañía en el extranjero y se ha buscado mitigar esas pérdidas congelando los activos restantes de Hui Ka Yan.
El proceso contra el fundador de Evergrande ha sido parte del desmantelamiento y las autoridades chinas lo encontraron culpable de entablar sistemas de captación de fondos fraudulentos, engañando a inversores sobre los estados financieros de su empresa. Xu Jiayin también fue acusado de emitir bonos falsificando el balance de la firma.
Otros cargos que se imputaron al magnate fueron los de soborno, malversación y uso ilícito de fondos, préstamos ilegales, fraude contable, concesión ilegal de préstamos y recolección ilegal de fondos públicos.
En la perspectiva de Marco Carrasco, el castigo a Xu tiene un componente innegablemente ejemplificador más allá de que obedece al proceso regular del Estado chino, pero su caída y la de Evergrande tienen un componente simbólico potente dentro del contexto del coloso de Asia.
“Es un tipo de empresa que por su naturaleza obviamente está ligada a temas de endeudamiento y liquidez, pero también mucho tiene que ver con lo que para muchos chinos es la construcción de su sueño de desarrollo y un refugio de sus ahorros, que era básicamente lo que muchas veces justificaba la adquisición de departamentos”, explica el analista internacional.
“Con el derrumbe de Evergrande muchos dejaron de contar con aquello que esperaban, todavía más viendo al fundador siendo condenado por todos estos delitos. Esto tiene un valor y sustento jurídico y legal, pero las autoridades transmiten que se castiga a aquellos que de alguna manera jugaron con algo tan central para la vida y cotidianidad chinas”, agrega Carrasco.
El especialista de la Universidad de San Marcos considera que el daño causado por Evergrande y otras empresas sobreendeudadas a la economía china de momento parece haber sido controlado, pero que es natural que todavía haya especulación en Occidente sobre una potencial afectación colateral de estos manejos.
“A otras empresas que han venido manejándose un poco más cercanas al límite de las Tres Líneas o con un endeudamiento no tan extremo, el contexto les ha permitido un ajuste gradual, que aún no termina de darse, por lo que la crisis de cierta manera todavía subsiste, pero en general esta ya no está en su punto más álgido, por lo menos bajo los ojos del gobierno chino. Nadie descarta la posibilidad de una burbuja inesperada en los próximos años en alguna compañía, mas no diría que sea lo más probable”, remata el experto en estudios asiáticos.
