El Fenómeno El Niño ya está en curso y la costa norte vuelve a estar en alerta. La conversación pública girará, como siempre, en torno a las carreteras, los cultivos perdidos y el golpe al PBI regional. Todo eso importa. Pero hay un daño menos visible y mucho más difícil de revertir: el que sufre la infancia.
El Niño Costero de 2017 lo mostró con claridad. Según Indeci, 354 instituciones educativas quedaron destruidas y 3.266 afectadas; 64 establecimientos de salud fueron destruidos y 1.044 dañados. Detrás de esas cifras hubo niños sin clases, sin controles de salud y sin la comida que recibían en la escuela. En Apoyo Consultoría sistematizamos la respuesta a la emergencia: el problema no fue la falta de programas, sino de preparación para responder de forma inmediata y coordinada.
La escuela es más que un aula. Para miles de hogares también es un punto de acceso a alimentación. En 2017, Qali Warma suspendió la entrega del servicio alimentario por la postergación de las clases. Nuestro estudio constató que el programa tenía alimentos en almacén y no contaba con mecanismos para distribuirlos, cuando 88% de los damnificados en Piura reportaba necesitarlos.
La salud infantil enfrenta un riesgo similar. En Piura y La Libertad, cerca de la mitad de la población damnificada o afectada reportó impactos en su salud. El agua estancada favoreció la expansión del dengue. Hoy el punto de partida es más complejo, porque el dengue se sigue extendiendo y la anemia infantil se mantiene elevada.
Los más pequeños son especialmente vulnerables. Cuna Más suspendió el cuidado diurno y recurrió a visitas domiciliarias y raciones frías. Los módulos temporales se instalaron sin protocolo claro. En la primera infancia una respuesta tardía cuesta más: los primeros 36 meses son la ventana crítica para la nutrición y el desarrollo.
Hay margen para corregir esto a tiempo. La Comisión Nacional de Gestión del Riesgo del fenómeno de El Niño, creada este mes, reúne al Midagri, que la preside, junto con Defensa, Economía, Vivienda, Indeci y la ANA. Es coherente con la urgencia de intervenir los puntos críticos de infraestructura. El riesgo es que, sin el Midis en la mesa, la continuidad de los programas sociales y la protección de la población vulnerable queden fuera de las decisiones de preparación: justamente donde 2017 mostró una brecha relevante.
Incorporarlo daría prioridad a medidas como actualizar el Sisfoh con información de los hogares más vulnerables, prever la continuidad de los servicios alimentarios, reforzar los establecimientos de salud más expuestos y planificar a tiempo los espacios de cuidado en los módulos temporales.
Prepararse no es solo una decisión económica. Es decidir cuánto estamos dispuestos a proteger a quienes menos pueden protegerse solos. La advertencia de 2017 es concreta: la demora en la respuesta se traduce en comidas que no llegan, controles que se postergan y pérdida de desarrollo que no se recupera.
