Bajo el actual Santuario de Santa Rosa de Lima, en el Centro Histórico, permanecían los vestigios de un edificio que durante siglos formó parte de la vida de la ciudad. Una investigación arqueológica de la Gerencia de Planificación, Gestión y Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima) permitió identificar restos de la antigua iglesia y del Hospital del Espíritu Santo, institución que comenzó a funcionar el 23 de mayo de 1575, con autorización del virrey Francisco de Toledo.
El hospital fue fundado por Miguel de Acosta, comerciante de nacionalidad griega, y estuvo inicialmente destinado a la atención de marinos, pilotos y otros trabajadores relacionados con las actividades portuarias. Con el tiempo, sin embargo, amplió su atención a distintos sectores de la sociedad virreinal y permaneció activo hasta los primeros años de la República.
Las excavaciones permitieron ubicar el ingreso de la antigua iglesia, compuesto por dos muros laterales construidos con piedra, ladrillo y adobe unidos con calicanto. Debajo de un piso de ladrillos pasteleros se encontraron entierros humanos, algunos directamente en el terreno y otros dentro de estructuras rectangulares a manera de nichos. También aparecieron azulejos valencianos del siglo XVIII, de 21 centímetros por lado y decorados con motivos vegetales, además de un amplio piso empedrado ubicado en el antiguo ingreso del hospital.
Para Luis Martín Bogdanovich, gerente de Prolima, arquitecto, historiador del arte y gestor cultural, el descubrimiento tiene una importancia que trasciende los restos encontrados. “Este nuevo descubrimiento que hace Prolima nos recuerda que Lima, la ciudad de los reyes, la Lima antigua, el centro histórico, es un lugar que tiene muchísimo que ofrecer”, señaló a El Comercio.
El especialista resaltó que parte del valor del hallazgo reside precisamente en que los vestigios se encontraban debajo del nivel actual de la ciudad. “No solamente los edificios que vemos todos los días cuando caminamos en la calle, sino todo lo que no vemos y que está debajo del suelo por el que caminamos”, explicó.
El origen del Hospital del Espíritu Santo está estrechamente relacionado con la importancia que tenía la actividad marítima para la Lima de los primeros años del Virreinato. Su función inicial estuvo dirigida a marinos, pilotos y otros oficios vinculados con las actividades portuarias, aunque posteriormente su público se amplió.
Para Noelia Roa, arqueóloga, museóloga y gestora cultural, este dato permite entender cómo estaba organizada la sociedad limeña de aquel momento. “Los hospitales de ese periodo también podían estar dirigidos a determinados grupos de población y no como ahora que finalmente la atención es general”, sostuvo a este diario.
La especialista también plantea una relación directa entre la institución y la actividad marítima que articulaba Lima con el Callao. El comercio, el traslado de mercancías y el movimiento de personas hacían de los trabajadores del mar una población relevante para la ciudad. Por ello, considera que una de las preguntas que todavía puede explorar la investigación es si el hospital mantuvo durante toda su existencia esa atención especializada o si, con el tiempo, amplió aún más su público.
El arqueólogo especialista en historia virreinal, republicana y urbana Juan Mogrovejo considera que el vínculo con los marinos constituye uno de los aspectos más interesantes del hallazgo. Para el especialista, recuperar un establecimiento hospitalario relacionado con esta población permite ampliar el conocimiento sobre la organización social de la Lima virreinal.
Para Mogrovejo, encontrar físicamente su entrada, sus espacios, sus entierros o los elementos con los que fue construido resulta fundamental para conocer la historia de este lugar. “Estos hallazgos permiten darle vida a la historia de Lima”, sostuvo en entrevista con El Comercio.
El hospital, además, no permaneció restringido a su función original. Según la documentación histórica recopilada por Prolima, con el paso del tiempo adquirió prestigio y llegó a atender a diferentes sectores de la sociedad.
Uno de los hallazgos más relevantes se encuentra dentro de la antigua capilla. Bajo el piso de ladrillos pasteleros aparecieron restos humanos, algunos enterrados directamente en el terreno y otros dentro de estructuras a manera de nicho.
Para Juan Mogrovejo, estos entierros deben entenderse dentro de las prácticas funerarias de la época. “Antes, la gente se enterraba en las iglesias y en los conventos, porque eran lugares sagrados”, explicó.
En el caso de un hospital, la relación era todavía más estrecha. Los pacientes que fallecían podían ser enterrados en espacios vinculados con la iglesia o la capilla del establecimiento.
Luis Martín Bogdanovich también relaciona los entierros con la función religiosa del hospital. Según explicó, la atención de los enfermos tenía entonces un componente espiritual importante, especialmente en una época en la que muchos pacientes podían morir durante su permanencia en el establecimiento.
Pero los entierros todavía tienen mucho que revelar. Para Noelia Roa, la arqueología permite estudiar estos restos desde una perspectiva que va más allá de la práctica funeraria.
La especialista agrega que un estudio más profundo podría aportar información sobre la salud de quienes acudieron al hospital. “Si se llega a hacer una investigación un poco más a fondo de estos contextos, de estos restos funerarios, puede identificar, de repente, las enfermedades más comunes que podían compartir ese tipo de público que se iba a atender, que eran los marineros”, explicó.
Según explica, los restos funerarios pueden revelar información sobre dieta, salud dental y otras condiciones de vida de las personas atendidas. Para la arqueóloga, la investigación de estos cuerpos podría permitir conocer cómo se enterraba a los fallecidos y conocer aspectos de la población que utilizó el hospital.
El descubrimiento adquiere otra dimensión por su proximidad con la historia de Santa Rosa de Lima. Según Bogdanovich, la santa vivía en la misma manzana y acudía al Hospital del Espíritu Santo para atender a los enfermos.
En aquel momento, el espacio que actualmente ocupa el Santuario de Santa Rosa formaba parte de un sector urbano donde coexistían la iglesia y el hospital del Espíritu Santo con los espacios religiosos vinculados a Santa Rosa. Siglos después, el antiguo complejo hospitalario desapareció y el paisaje urbano fue transformándose.
La excavación, además, muestra que el actual Santuario de Santa Rosa se encuentra sobre un sector que experimentó sucesivas ocupaciones y transformaciones.
La investigación arqueológica permite ahora recuperar físicamente una parte de aquella configuración que había quedado borrada de la superficie de la ciudad.
La historia del inmueble no terminó con su función hospitalaria. Durante la época virreinal, el espacio también albergó actividades educativas vinculadas con la enseñanza de matemática, pilotaje y cosmografía.
En la etapa republicana, el recinto tuvo otros usos, entre ellos el Colegio de Educandas del Espíritu Santo Madama Nussard, el Museo Nacional y la Escuela Nacional de Ingenieros.
Esta última conexión es especialmente significativa. Bogdanovich explicó que la actual Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) tiene un antecedente directo en este lugar. Las fotografías más antiguas de la Escuela de Ingenieros muestran el claustro del antiguo Hospital del Espíritu Santo.
Durante las excavaciones, además, se encontraron las bases de una de las columnas del antiguo claustro.
Para Noelia Roa, la sucesión de instituciones demuestra que los espacios urbanos no permanecen estáticos. “Los espacios modifican sus funciones, se pueden subdividir, pueden desaparecer, se construyen otros encima, pero siempre va a quedar evidencia arqueológica de esas transformaciones”, sostuvo.
La trayectoria del Espíritu Santo muestra así cómo un mismo lugar pudo pasar de ser un hospital y espacio religioso a convertirse en escenario de actividades educativas y de instituciones republicanas antes de desaparecer físicamente.
Entre los materiales recuperados se encuentra un conjunto de azulejos valencianos del siglo XVIII, de 21 por 21 centímetros y decorados con motivos vegetales.
Para Bogdanovich, estas piezas también permiten establecer conexiones con otros edificios de la Lima virreinal. El especialista señaló que diseños similares han sido identificados en la casa de la familia Prado, en la calle Corcovado; en la iglesia de San Sebastián y en el camarín del Santísimo de la iglesia del Sagrario de Lima.
La presencia de piezas importadas también puede aportar información sobre el poder económico y las redes comerciales de la ciudad. Mogrovejo explicó que Lima tuvo un importante peso económico y cultural durante el Virreinato y que la utilización de productos importados para decorar edificios podía representar una inversión considerable.
“Lima era una ciudad muy importante económicamente, políticamente y culturalmente”, explicó el arqueólogo para El Comercio. Por ello, considera que la presencia de estos materiales puede ayudar a estudiar las redes comerciales y las inversiones realizadas en los edificios de la época.
El especialista plantea, además, que la adquisición de estos azulejos pudo implicar una inversión considerable. La posibilidad de que fueran entregados como donación por algún benefactor, sin embargo, permanece como una hipótesis que requiere mayor investigación documental.
El piso empedrado encontrado frente al antiguo ingreso del hospital es uno de los elementos más llamativos. Elaborado con canto rodado, presenta una flor de seis pétalos dentro de un círculo y fragmentos de huesos de animales en las puntas.
Para Bogdanovich, el diseño responde a una tradición de aprovechamiento de materiales. “Los huesos de los animales se utilizaban también para crear diseños en los pisos”, explicó, y recordó que existen otros ejemplos de esta práctica en edificios históricos de Lima.
Mogrovejo coincide en que se trata de una técnica conocida. Según explicó, los artesanos podían utilizar huesos —principalmente vértebras— para introducir elementos de color blanco en los diseños realizados con piedra.
Pero Noelia Roa considera que todavía no debe descartarse una interpretación adicional. “Eso definitivamente debe tener un significado iconográfico para el recinto donde se encuentra”, señaló.
La especialista plantea que podría tratarse de una roseta con alguna dimensión religiosa o simbólica, aunque advierte que para determinarlo sería necesario estudiar su contexto, la técnica de fabricación, los elementos que la acompañaban y la función exacta del espacio donde fue encontrada.
También sería necesario estudiar si existen otros elementos que completen el diseño. Por ahora, la evidencia permite afirmar que se trata de un diseño decorativo; su eventual significado simbólico permanece abierto a investigación.
El Hospital del Espíritu Santo funcionó hasta los primeros años de la República, cuando fue trasladado al Hospital de Bellavista, en el Callao. Los retablos de su iglesia, incluido el retablo mayor, fueron trasladados en 1868 a la iglesia de Santo Cristo de las Maravillas, en Barrios Altos.
Posteriormente, el antiguo edificio desapareció del paisaje urbano y el terreno quedó incorporado a las transformaciones de Lima asociadas a la apertura de la avenida Tacna. Sin embargo, sus restos sobrevivieron bajo tierra.
Para Bogdanovich, que los vestigios hayan permanecido bajo el suelo constituye un hallazgo excepcional. Una de las razones de su conservación habría sido que sobre el lugar no pasaron tuberías de agua o desagüe ni se levantaron edificaciones modernas que hubieran requerido cimentaciones capaces de destruir las estructuras antiguas.
Así, un edificio que había desaparecido del paisaje urbano permaneció oculto bajo la ciudad hasta que las investigaciones arqueológicas permitieron recuperarlo.
El trabajo de Prolima no termina con la excavación. Los equipos vienen realizando procesos de conservación sobre los restos, incluidos los pisos, muros de adobe y ladrillo y vestigios de pintura mural, respetando sus materiales y técnicas originales.
Bogdanovich explica que uno de los principales desafíos será mantener los restos expuestos frente al deterioro provocado por el ambiente. Para proteger los muros de adobe se han colocado nuevas hiladas que funcionan como una “capa de sacrificio”, de manera que el deterioro afecte primero a ese material moderno.
Para Noelia Roa, el primer paso debe ser investigar y documentar. “Lo primero que se tiene que hacer justamente con estos restos es investigarlos adecuadamente, documentarlos, es súper importante porque la documentación también es parte de la conservación”, señaló.
Después, considera necesario acercar los resultados a la población. “También es fundamental que posteriormente se comuniquen los hallazgos a la sociedad”, sostuvo.
La especialista advierte, además, que no todos los sitios arqueológicos necesariamente deben convertirse en espacios turísticos. “No necesariamente todos los hallazgos arqueológicos tienen que convertirse también en un espacio visitable”, explicó.
La decisión de que este espacio deba convertirse en un espacio turístico dependerá de las condiciones de conservación y de las características del lugar. Aun así, considera que debería buscarse una estrategia que combine la exposición de los restos con la educación patrimonial.
El objetivo de Prolima es integrar los restos arqueológicos al área del actual Santuario de Santa Rosa y al espacio público donde fueron encontrados.
Para Bogdanovich, estos vestigios pueden convertirse en un nuevo atractivo para los ciudadanos y visitantes de Lima. “El poder saber ver un edificio del cual no teníamos más que un par de dibujos y fotos, es definitivamente un aporte para la historia de la ciudad”, sostuvo.
Mogrovejo considera que la recuperación de estos espacios también puede ampliar las posibilidades de divulgación y turismo histórico en el Centro de Lima, al proporcionar nuevas evidencias para explicar la evolución de la ciudad.
Después de siglos, el antiguo Hospital del Espíritu Santo vuelve así a ocupar un lugar en el mapa de Lima. No lo hace como el edificio que alguna vez fue, sino a través de sus muros, sus pisos, sus entierros, sus azulejos y las huellas de quienes habitaron y utilizaron el espacio
