Era la época del presidente Fernando Belaúnde Terry y el Perú respiraba una atmósfera de libertad, esperanza empresarial y avidez por el arte internacional. En setiembre de 1964, mientras Japón dejaba atrás las cicatrices de la posguerra para proyectar su creatividad al mundo, Lima vivía el apogeo de una tradición cultural que había nacido tres años antes: el Festival de Cine Japonés.
Este certamen, que había tenido su exitosa primera edición en 1961, se desarrollaría como en las ediciones anteriores en el emblemático cine-teatro Central, ubicado en la cuadra 4 del jirón Ica, en el centro de Lima, con sus proyecciones en horarios de matiné, vermut y noche. Aquel año de 1964 el festival alcanzaría su máximo esplendor.
La ciudad se había preparado desde 1961 para este suceso, introduciendo al público nacional en la riqueza técnica y temática de estudios legendarios como la japonesa Toho Films Company, que trajó a Lima, en esa primera edición, hitos cinematográficos como “La fortaleza escondida” de Akira Kurosawa.
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La selección de 1961 ya ofrecía una diversidad temática que abarcó desde dramas de acción y musicales hasta complejos relatos de época y ciencia ficción. En esa ocasión se contó con la visita estelar de Akira Takarada (la primera estrella de “Godzilla”) y Mitsuko Kusabue, quienes marcaron el inicio de una era de estrecha colaboración cultural.
EL VITAL Y TALENTOSO CUARTO FESTIVAL DE CINE JAPONÉS
En los años sucesivos, el festival —siempre realizado en el cómodo y elegante cine Central, con aire acondicionado incluido— trajo como invitadas otras figuras del cine japonés, como ocurrió en la edición de 1963 (del 24 al 30 de enero) cuando llegaron la actriz y cantante Teruko Fujii y la actriz Asami Kuji, en ese momento verdaderas estrellas del cine japonés, y cuyas presentaciones estuvieron a cargo del crítico de cine y presentador de TV. Pepe Ludmir.
La delegación de 1964, organizada también por la gente de Toho Films, se hospedó en el moderno Hotel Crillón, de la avenida Nicolás de Piérola, en el centro de Lima, inaugurado con ocho pisos en 1947, pero que ya gozaba de 14 pisos más, o sea, 22 pisos desde 1957.
En esa ocasión, los artistas invitados habían reemplazado a la pareja originalmente prevista, Hanayo Sumi y Tadao Takashima (estrella de películas de ciencia ficción), quienes no pudieron viajar al Perú debido a una grave y penosa tragedia familiar (la muerte de su hija de 6 años).
Los cubrieron sus colegas Yoseku Natsuki y Yoneko Yokota. El primero, venía como un actor consolidado por su papel en la cinta “Tormenta en el Pacífico”, de 1961 —la emblemática película que había inaugurado la tradición del festival— y en el largometraje “Bandidos al viento”, de 1963. Natsuki era el rostro más reconocido por el público local.
Por su parte, la joven promesa Yoneko Yokota aportó su talento vocal y elegancia, participando activamente en los shows artísticos que acompañaron la proyección de las siete películas del festival, entre ellos “El sitio del Fuerte Bismarck”, “Golpe certero” y la monumental “Chushingura” (con Toshiro Mifune); todas ellas películas donde actuaba precisamente Natsuki.
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El festival, que se desarrolló del 4 al 10 de setiembre de 1964, fue un despliegue de dinamismo cinematográfico donde la estrella de la gala fue precisamente “Chushingura”, de 1962, una cinta de más de tres horas sobre la leyenda de los 47 Ronin. Pepe Ludmir fue el irremplazable maestro de ceremonias.
PERO, ¿QUÉ MÁS SE SABÍA DE YOSUKE NATSUKI Y YONEKO YOKOTA?
Natsuki (1936-2018), economista de formación por la Universidad de Meiji, era mucho más que un galán de cine: era un actor versátil capaz de transitar del drama de samuráis a la ciencia ficción de kaiju y, después, en los años 80, con las series policiales como “G-Men ’75”.
Durante los años 60, su presencia en clásicos como “Godzilla contra Ghidorah” y “Dogora”, ambas de 1964, le otorgó un reconocimiento que trascendió fronteras, consolidando su estatus como una estrella internacional del género fantástico (en 1984, su interpretación del profesor Hayashida en “El retorno de Godzilla” fue uno de los aciertos de su trayectoria); sin olvidar que, ese año de 1964, Natsuki era, además, un apasionado piloto de automovilismo.
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Paralelamente, Yokota no era menos que Natsuki en experiencia y talento, pues destacaba no solo como actriz y cantante, sino también como una sofisticada embajadora cultural. A inicios de esa década, su proyección se expandió hacia Inglaterra, donde participó en producciones de la compañía Toho en el London Coliseum. Estas presentaciones consolidaron su reputación como una intérprete capaz de cautivar al público occidental mediante su talento vocal y escénico.
Su labor en espectáculos como el Cherry Blossom Show y su capacidad para popularizar el uso elegante del kimono y los peinados tradicionales en Europa y Australia la convirtieron en una figura esencial para entender la proyección estética del Japón de mediados de la década de 1960. De esta forma, ambos artistas eran unos auténticos embajadores del arte japonés que Lima pudo disfrutar en directo.
LO QUE DIJERON LOS DOS ARTISTAS JAPONESES EN LA CONFERENCIA DE PRENSA
Desde su llegada a Lima, el jueves 3 de setiembre de 1964, los actores mostraron una cercanía inusual con el público peruano. En una concurrida conferencia de prensa televisada por los canales 4 y 13, ambos expresaron su fascinación por los paisajes locales y, con gran curiosidad, se mostraron ansiosos por degustar los famosos anticuchos, demostrando que ya en los años 60 los visitantes extranjeros buscaban conectar con nuestra gastronomía.
Yokota relató que tenía una afición: coleccionar muñecas típicas del mundo, y anhelaba incluir una muñeca peruana en su colección, especialmente si era del Cusco; asimismo, detalló su inmensa colección discográfica de todo el mundo, remarcando que por esos días escuchaba música peruana para agregar algún disco nacional.
En tanto, Natsuki expresó su admiración por la riqueza natural del Perú, de la cual tenía mucha información, y manifestó su deseo de filmar en Iberoamérica. El actor también destacó el gran progreso de la cinematografía de su país y su admiración por su connacional y maestro Toshiro Mifune. El ambiente fue de total cordialidad, subrayándose la admiración mutua entre ambas naciones.
UN DOMINGO DE BÉISBOL EN PUEBLO LIBRE Y VISITA A EL COMERCIO
El 6 de setiembre, domingo, la pareja de artistas nipones se dieron tiempo en la mañana para asistir a un evento deportivo muy especial. Ambos eran aficionados al béisbol en Japón, por eso aceptaron la invitación de la Cooperativa La Unión, relacionada con la colonia japonesa en el Perú, para visitar su estadio en Pueblo Libre, y ver un partido de béisbol entre dos equipos de jóvenes niseis.
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Yoneko Yokota y Yosuke Natsuki apreciaron el partido estelar entre los equipos de béisbol “Hiroshima BBC” y “Kamamoto BBC”. Numerosos miembros de la comunidad nisei y ciudadanos japoneses residentes en Lima se dieron cita en el estadio, aprovechando la ocasión para saludar y solicitar autógrafos a las estrellas de cine japonés.
Durante el evento deportivo, los artistas fueron invitados a realizar el “Play de Honor”, momento en el cual estuvieron acompañados por el dirigente deportivo Juan Yoshikay, y por Alfredo Torres, responsable de la promoción del festival cinematográfico en Lima.
Ya en pleno festival de cine, la cantante Yokota se dio tiempo para interpretar algunas canciones el lunes 7 de setiembre, en el programa “Charlas del Cine”, en el Canal 13 (hoy Canal 5), que dirigía su nuevo amigo Pepe Ludmir.
LOS ARTISTAS JAPONESES VISITAN EL DIARIO EL COMERCIO
El 9 de setiembre de 1964, el señor Natsuki y la señorita Yokota llegaron al local emblemático del diario El Comercio. Fue, en realidad, una grata visita de intercambio cultural la que vivió la redacción del Decano. Los artistas acudieron a las instalaciones periodísticas de la casona de Lampa con Miró Quesada, con el propósito de presentar su saludo personal al director Aurelio Miró Quesada Sosa.
En la comitiva también estuvieron presentes Mikihiko Homeri y Dante Araya, ejecutivos de la prestigiosa firma Toho Films. La visita fue propicia para una amena conversación en la que los invitados compartieron detalles sobre su experiencia en la capital y las expectativas en torno a la muestra cinematográfica que en esos días se desarrollaba en el impecable cine-teatro Central.
Durante el encuentro, el doctor Miró Quesada Sosa recordó con entusiasmo su reciente viaje al Japón, una travesía que le permitió ser testigo directo del impresionante salto tecnológico y artístico alcanzado por la industria cinematográfica de ese país asiático.
El diálogo fluyó con calidez, subrayando los puentes tendidos entre ambas culturas a través del cine y la admiración mutua entre nuestras naciones. Este encuentro no solo marcó un momento significativo en la agenda de los artistas, sino que reafirmó el compromiso de El Comercio con la difusión de las expresiones culturales globales.
Con la elegancia y sencillez que los caracterizaba, Yokota y Natsuki dejaron una grata impresión en nuestra redacción, esa misma impresión que fortaleció el éxito de un festival que había logrado acercar con eficiencia la magia del cine japonés al corazón de los espectadores peruanos.
Como parte de su agenda oficial estaba previsto, además, que ese mismo 9 de setiembre los recibiera el alcalde de Lima, Luis Bedoya Reyes; sin embargo, por esos días, una asamblea nacional de alcaldes fuera de Lima retrasó el retorno de Bedoya, lo que provocó el desencuentro con los artistas.
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Tras el final Cuarto Festival de Cine Japonés el 10 de setiembre de 1964, Yoneko Yokota y Yosuke Natsuki se dirigieron a la ciudad de Trujillo, en el norte del Perú, donde realizaron algunas presentaciones, y luego de un breve retorno a Lima partieron el lunes 14 a Bogotá, Colombia, ciudad que, al igual que Lima, los esperaba con otra muestra del cine contemporáneo de Japón.
Sin embargo, el eco de sus presencias no se desvaneció con su partida. El actor Yosuke Natsuki nos dejó un regalo que perduró en la memoria de los cinéfilos durante un tiempo: “Chushingura”, aquel épico relato de honor donde Natsuki compartió pantalla con el legendario Toshiro Mifune, se mantuvo en cartelera hasta octubre de ese año, en el mismo cine Central, en sus días de aire acondicionado, como testamento viviente de una visita que, aunque breve, se quedó con nosotros mucho más tiempo del que duró el recordado festival de cine japonés.
