Bañarse forma parte de la rutina de higiene de millones de personas, pero la frecuencia con la que debe realizarse puede variar según la edad y las características de cada organismo. En el caso de los adultos mayores de 65 años, especialistas han puesto atención en los efectos que una ducha diaria puede tener sobre la piel y el bienestar general. Aunque mantener una adecuada higiene corporal es importante, hacerlo con demasiada frecuencia podría favorecer la resequedad y afectar la barrera natural de la piel, especialmente en personas de mayor edad. Por ello, los expertos recomiendan considerar las necesidades individuales antes de establecer una rutina fija. La alimentación, la hidratación y otros hábitos cotidianos también forman parte del cuidado integral durante esta etapa de la vida. Dentro de ese conjunto de prácticas, la higiene personal debe adaptarse a las condiciones particulares de cada persona. Entonces, ¿cada cuánto conviene bañarse después de los 65 años? Conoce qué señalan los especialistas sobre la frecuencia del baño y por qué mantener un equilibrio puede ser importante para cuidar la piel y nuestra salud.
¿Cuántas veces por semana conviene usar jabón?
La higiene personal continúa siendo fundamental durante la tercera edad, aunque la rutina de aseo puede requerir ciertos ajustes. La dermatóloga Sylvie Meaume recomienda que las personas mayores de 65 años puedan realizar un enjuague corporal diariamente, pero limitar el uso de jabón durante todo el cuerpo a unas dos o tres duchas por semana.
Esta pauta busca reducir el impacto que una limpieza excesiva puede generar sobre la piel, cuya capacidad para conservar humedad y protegerse puede disminuir con el paso de los años. Además, durante el baño no sería necesario frotar con fuerza: una limpieza delicada ayuda a conservar la protección natural de la superficie cutánea.
Las zonas que requieren mayor atención son aquellas donde suele acumularse sudor, humedad y microorganismos, como axilas, genitales y pies. Concentrar allí el aseo permite mantener una correcta higiene sin someter innecesariamente al resto de la piel a productos limpiadores.
Duchas prolongadas: ¿qué efectos pueden tener sobre la piel?
La duración y las condiciones del baño también tienen importancia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que una ducha no se extienda demasiado y señala como referencia un tiempo cercano a los cinco minutos, mientras que el agua tibia resulta preferible frente a temperaturas excesivamente elevadas.
Bupa, a partir de información basada en investigaciones sobre el cuidado de la piel, advierte que ducharse varias veces durante el mismo día puede afectar la barrera cutánea y retirar parte de los aceites naturales que ayudan a mantenerla protegida.
Cuando esa capa defensiva se altera, pueden aparecer diferentes molestias dermatológicas, entre ellas:
- Piel seca
- Irritación
- Descamación
- Dermatitis
- Mayor susceptibilidad a infecciones cutáneas
- Picazón y enrojecimiento
Por ello, más duchas no necesariamente significan una mejor higiene. La clave está en encontrar una rutina que permita mantener el cuerpo limpio sin deteriorar las condiciones naturales de la piel.
El orden también importa al momento de ducharse
La forma en que se realiza el baño puede contribuir a una limpieza más eficiente. El dermatólogo español Sergio Alique García explicó al diario argentino Clarín que una alternativa práctica consiste en comenzar por la parte superior del cuerpo y avanzar progresivamente hacia las zonas inferiores.
Si se realiza el lavado del cabello, el primer paso debe ser aplicar el champú, dejar que actúe durante unos instantes y posteriormente retirarlo con abundante agua. Después puede continuar el aseo del resto del cuerpo, prestando especial atención a las áreas que suelen acumular mayor cantidad de microorganismos.
Los pies y los tobillos, por ejemplo, suelen quedar relegados durante la ducha pese a encontrarse en contacto constante con el suelo, el calzado y la humedad. Por ello, requieren una limpieza cuidadosa antes de finalizar el baño.
Finalmente, realizar un buen enjuague desde la cabeza hacia los pies permite retirar los restos de champú y jabón que puedan permanecer sobre la piel. De esta manera, la rutina de higiene no solo debe centrarse en la frecuencia, sino también en la técnica empleada durante cada ducha.
