Cuando los padres notan que sus hijos parecen estar viviendo el mundo de una manera distinta, es natural que surjan preguntas, dudas e incluso temor. Quizá hablan menos de lo esperado, evitan mirar a los ojos, repiten ciertos movimientos o tienen dificultades para relacionarse con otras personas; pero estos signos no definen por sí solos un diagnóstico ni deben ser motivo de culpa para las familias. Hablar sobre autismo infantil implica, ante todo, abrir la puerta a la comprensión y al acompañamiento oportuno. Buscar orientación profesional no significa poner una etiqueta, sino conocer mejor sus necesidades, fortalezas y la manera en que puede recibir apoyo. En esta nota te explico, de la mano de la psicóloga Nathalie Calderón, cuáles son algunas señales de alerta, cuándo conviene consultar con un especialista y por qué actuar con información y empatía puede marcar una diferencia positiva en su desarrollo.
Señales que los padres no deben pasar por alto
Durante los primeros años de vida, existen determinadas señales relacionadas con la comunicación y la interacción social que pueden llamar la atención de los padres. No responder al nombre, utilizar pocos gestos para comunicarse, mostrar poco interés en compartir experiencias o presentar determinadas conductas repetitivas son algunos aspectos que pueden observarse.
Una de las primeras áreas que los padres pueden observar es la comunicación. Antes de hablar, los niños se expresan mediante miradas, sonidos, gestos, sonrisas y señalamientos. Una respuesta limitada al nombre, poco contacto visual utilizado con intención comunicativa, escaso uso de gestos o dificultad para señalar con el propósito de compartir algo con otra persona pueden ser señales que ameriten una valoración. “Una señal aislada no permite establecer un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA); sin embargo, la presencia persistente de varias de ellas hace recomendable una valoración especializada”, explica Nathalie Calderón Manrique, psicóloga del Centro Psicología Integral.
El juego y la interacción social también ofrecen información importante. La poca intención de iniciar o mantener interacciones, las dificultades para imitar gestos o acciones sencillas y el uso repetitivo o poco funcional de los juguetes son aspectos que pueden llamar la atención. A ello pueden sumarse reacciones inusuales frente a determinados sonidos o texturas, una marcada dificultad frente a cambios en las rutinas o intereses muy intensos hacia determinados objetos o movimientos. La especialista señala que estas características deben observarse dentro del desarrollo general del niño y no interpretarse de manera aislada.
Hay una señal que merece especial atención: la pérdida de habilidades que el niño ya había adquirido. Si deja de utilizar palabras que anteriormente decía, disminuye su interacción, deja de señalar o pierde habilidades sociales o motoras que antes realizaba, es recomendable realizar una consulta profesional. En estos casos, una evaluación permite conocer qué está ocurriendo y determinar si se necesita seguimiento o algún tipo de intervención.
¿Cuándo consultar con un especialista para descartar autismo?
Consultar a tiempo no significa colocar una etiqueta ni asumir automáticamente que un niño tiene TEA. Cada caso debe analizarse considerando su edad, su historia de desarrollo y su funcionamiento global. “Consultar tempranamente no busca colocar etiquetas. Por el contrario, permite conocer las fortalezas del niño, identificar las áreas que necesitan mayor apoyo y determinar si requiere estimulación, seguimiento o alguna intervención específica”, agregó.
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