Luis Eduardo García es piurano, pero toda su trayectoria la ha desarrollado en Trujillo, en donde se formó como escritor, docente y periodista. Hace no más de dos meses publicó su tercera novela, Tres maneras de morir (Seix Barral), en la que se nos presenta a Facundo Montiel, un hombre de 60 años que hace de los recuerdos el fuego de su catarsis existencial mientras viaja a despedir a su padre que acaba de morir. Esta es una de las pocas novelas peruanas en donde el registro del yo es usado como necesidad expresiva y no como efectismo.
-Se te conoce más como poeta, pero en los últimos años te estamos leyendo más novelas.
-Desde joven me atrajo enormemente la poesía. Pero nunca dejó de interesarme la narrativa. Hice algunos tanteos un poco fallidos, pero luego, cuando creí que disponía de las técnicas aprendidas, me aboqué a la aventura de escribir narraciones más largas. Y el otro factor fue la experiencia de vida que te da las fuentes para disponer de los temas que quieres desarrollar.
-Tres maneras de morir es una novela, como se sugiere desde el título, sobre el duelo. Facundo Montiel enfrenta la muerte de su padre y esa experiencia lo lleva a revisar los duelos que han marcado su vida.
-Muchos escritores han escrito sobre el duelo. Es un tema reiterativo en la literatura. Yo no quería vaciar arena sobre arena. Entonces, lo enfoqué en un hombre de 60 años que lo ha conseguido todo, pero que aún tiene cicatrices y heridas interiores. Sus duelos los enfrenta desde distintos ángulos, como el esfuerzo físico, el tarot, la psicología y su propia racionalidad.
-Un aspecto que me gusta es la verosimilitud.
-Creo que toda la literatura es autobiográfica. Todo lo que escribimos, casi siempre, parte de una experiencia real que luego acomodamos, esculpimos. La novela parte de una base real, al igual que mi anterior novela.
-El lugar de la memoria, que ganó el premio de novela del BCRP en 2022.
-Así es. Para esta última novela, partí de la muerte de mi padre y de varias rupturas amorosas que al final son lo mismo. Mi protagonista recuerda mucho, tiene cosas que aún no ha arreglado. Está el tema de la crueldad, por ejemplo, que se ve en el niño que mataba mariposas. Eso era algo que persistía en mi memoria.
-Hace un toque dijiste que toda literatura es autobiográfica. Hay narrativa del yo en Tres maneras de morir.
-Como diría Martín Caparrós, hay que usar el yo, pero no para hablar necesariamente del yo, sino de cómo percibe el yo la realidad. Me gusta el registro del yo, pero sin mirada egocéntrica. Desde el yo reduces la distancia con el lector. Claro, este es un tipo de literatura; hay otras maneras de contar, pero a mí me gusta contar desde este registro. Me gusta la mirada intimista. Mi narrativa estaba marcada por esta impronta.
"Tres maneras de morir" (Seix Barral). Imagen: Difusión.-Facundo Montiel reflexiona todo el tiempo. No solo sobre su vida, sino también sobre los libros que ha leído y los lugares que ha conocido. ¿Es también una novela existencial?
-Es existencial en la medida en que el personaje reflexiona sobre su propia experiencia de vida. Reflexiona mucho porque está más cerca de la muerte. Solo nos quedamos con los recuerdos que más huellas nos dejan. A medida que iba escribiendo sobre Facundo Montiel, me di cuenta de que la entrevista de vida se enriquece con las lecturas. Aparte de ficción y poesía, leo mucho ensayo y filosofía.
-¿No fue complicado escribir desde un personaje que va sentado en un vuelo a Madrid, en donde acaba de morir su padre?
-Ese fue un reto. Facundo Montiel es un personaje muy vinculado con su presente. Es por eso que en sus reflexiones vemos temas relacionados con la actualidad. Era una manera de encontrar un contrapunto entre su memoria y lo que se está viviendo en la actualidad.
-Has enseñado a no pocas generaciones de comunicadores, tus columnas en La Industria de Trujillo eran muy leídas y has tenido reconocimientos como poeta. ¿Te consideras un narrador tardío?
-Siempre quise escribir narrativa. Pero cuando lo hacía, me sentía encorsetado, como si estuviera atrapado en una camisa de fuerza. Cuando se escribe, al menos eso me pasó, sientes miedo de expresarte libremente. Sentía que mi prosa era muy calculada, cautelosa. No se debía a razones morales. Simplemente no tenía cómo expresar lo que quería decir. Con el tiempo he conseguido poder expresarme con libertad; siento que digo cosas cuando escribo. A eso se debe la demora y no me molesta ser un narrador tardío.
-Pero al final la espera ha dado resultados. Has ganado un premio de narrativa y Tres maneras de morir acaba de agotar su primera impresión.
—Narrativamente soy tardío, pero la literatura, los libros y la poesía han sido una manera de estar en la vida. Creo que empecé a escribir narrativa con más libertad cuando decidí escribir de lo que conozco. No estoy necesariamente reflejado en Facundo Montiel, aunque he usado algunas cosas de mi vida para contar su historia.
