Una gigantesca franja de sargazo ha transformado la apariencia del Atlántico. Los satélites detectaron 37,5 millones de toneladas de esta alga parda en una banda continua desde la costa de África occidental hasta el golfo de México. El llamado Gran Cinturón de Sargazo alcanzó en 2025 una longitud récord de 8.800 kilómetros, más del doble del ancho de Estados Unidos.
Desde 2011, las floraciones aumentaron casi cada año, salvo 2013. El fenómeno resulta llamativo porque esta expansión no existía hace 15 años. Un estudio publicado en Harmful Algae por investigadores del Harbor Branch Oceanographic Institute de Florida Atlantic University analizó cuatro décadas de registros satelitales, observaciones de campo y pruebas químicas.
El aumento de nutrientes está impulsando la expansión del sargazo
El sargazo necesita nitrógeno y fósforo para crecer. Los datos apuntan a un cambio importante en la disponibilidad de estos nutrientes: entre 1980 y 2020, el contenido de nitrógeno en sus tejidos aumentó un 55%, mientras que la proporción entre nitrógeno y fósforo subió un 50%. En aguas ricas en nutrientes, su biomasa puede duplicarse en apenas 11 días.
La fuente ya no procede solo de procesos naturales del océano, como el afloramiento y la mezcla vertical. Los aportes terrestres también adquieren relevancia mediante escorrentía agrícola, aguas residuales y depósitos atmosféricos. El río Amazonas tiene un papel destacado: durante las inundaciones libera grandes cantidades de nutrientes al Atlántico y favorece las floraciones, mientras que las sequías reducen su intensidad.
Las corrientes marinas completan el proceso. El Gulf Stream y la Loop Current trasladan las masas flotantes por distintas zonas del Atlántico. Grandes cordones aparecieron en el golfo de México en 2004 y 2005 por los aportes de los ríos Mississippi y Atchafalaya.
El cinturón de sargazo también amenaza a las costas
El sargazo cumple una función ecológica importante en mar abierto. La NOAA lo reconoce como refugio para más de 100 especies, entre peces, invertebrados y tortugas marinas. Allí ofrece alimento, protección y zonas de reproducción. El problema aparece cuando cantidades alcanzan el litoral y quedan acumuladas sobre las playas.
La descomposición de esas masas libera sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico, además de reducir el oxígeno y favorecer zonas marinas con escasez de este elemento. Puede deteriorar arrecifes y afectar al turismo. El impacto alcanza incluso a infraestructuras: en 1991, una acumulación de sargazo obstruyó la toma de agua de mar de la central nuclear St. Lucie, en Florida, y provocó su cierre.
Los científicos plantean vigilancia internacional, mejores modelos de pronóstico y una reducción a largo plazo de los nutrientes que llegan desde tierra.
