Dejar la ropa sobre una silla, acumular objetos en el escritorio o posponer durante días la limpieza de una habitación puede parecer una falta de organización o un hábito difícil de cambiar. Sin embargo, la psicología plantea que detrás de estos comportamientos pueden existir distintos factores relacionados con la forma en que una persona procesa las decisiones, enfrenta sus responsabilidades y responde a la saturación mental, el estrés y otros estímulos del entorno. El desorden tampoco tiene una interpretación única, pues en algunos casos puede estar vinculado con la creatividad o una mayor tolerancia al caos. Conoce qué características pueden estar detrás de una habitación desordenada, por qué mantenerla organizada puede resultar difícil y qué estrategias ayudan a recuperar el orden.
¿CÓMO SON LAS PERSONAS QUE TIENEN SU HABITACIÓN DESORDENADA?
Según los psicólogos, una habitación desordenada puede reflejar una menor preferencia por la estructura y las rutinas, así como una mayor inclinación hacia la espontaneidad. En el modelo de los cinco grandes rasgos, los expertos relacionan un nivel bajo de responsabilidad con una menor tendencia hacia la planificación, sin asociarlo directamente con la pereza. Por otro lado, cuando el desorden aparece de forma repentina, algunos expertos lo relacionan con una etapa de sobrecarga emocional o mental.
Por otra parte, investigaciones de la Universidad de Minnesota sugieren que ciertos ambientes desordenados pueden estimular la creatividad y favorecer la búsqueda de soluciones poco convencionales. Así, los especialistas consideran que el desorden puede responder a diferentes características y circunstancias personales.
¿POR QUÉ A ALGUNAS PERSONAS LES CUESTA TANTO ORDENAR?
Poner una habitación en orden requiere tomar varias decisiones sobre qué conservar, desechar y dónde colocar cada objeto. Según los psicólogos, cuando existe una sobrecarga mental, este proceso puede generar fatiga de decisión y llevar a postergar la tarea. Las funciones ejecutivas también intervienen, ya que permiten planificar y dividir una actividad grande en pasos pequeños; cuando estas capacidades se ven sobrepasadas, puede aparecer un bloqueo.
El vínculo emocional con las pertenencias también dificulta el proceso. Algunos objetos están asociados con recuerdos o con la idea de utilizarlos en el futuro, por lo que desprenderse de ellos puede resultar complicado. A esto se suma que cada persona tiene una tolerancia diferente al desorden visual y puede no percibirlo como una necesidad urgente de atender, según informa la plataforma Ok Diario.
¿QUÉ PUEDES HACER PARA MANTENER EL ORDEN?
La clave está en disminuir la cantidad de decisiones y convertir la organización en acciones pequeñas. Algunas estrategias útiles son:
- Aplicar la regla de “uno entra, uno sale”: por cada objeto nuevo, retirar otro.
- Empezar por un espacio reducido, como un cajón, y trabajar durante 10 o 15 minutos.
- Resolver inmediatamente las tareas que toman menos de dos minutos.
- Colocar los objetos dudosos en una caja con fecha límite para decidir después.
- Asociar el orden con hábitos cotidianos, como recoger mientras se prepara el café.
- Ordenar mientras se escucha música o un podcast para hacer más llevadero el esfuerzo mental.
- Mantener una superficie despejada, como la cama o el escritorio, para crear una referencia visual que motive a conservar el resto del espacio organizado.
