Formalizar no es un discurso, es una hoja de ruta
Desde antes de que Keiko Fujimori asumiera la presidencia de la República sostengo que los primeros 100 días del gobierno debían destinarse a una reforma laboral integral: una transición gradual entre regímenes, una Sunafil orientada a acompañar la formalización e incentivos tributarios concretos para quienes decidan formalizarse. Lo he planteado durante años porque la informalidad no es un problema coyuntural, sino el mayor obstáculo estructural para el crecimiento con equidad.

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