EsSalud atraviesa la crisis más profunda de los últimos 30 años de su vida institucional. Y si bien el debate público se enfoca y concentra en el desabastecimiento de medicamentos, las largas listas de espera, la falta de especialistas o los problemas de infraestructura; todos estos son sólo consecuencias de su problema más profundo: su captura institucional por intereses subalternos que ha generado una crisis de gobernanza.
La crisis de gobernanza facilita entre otras cosas, la pérdida de control sobre la planilla y las remuneraciones, principal factor de producción y costos en una entidad que presta servicios de salud.
EsSalud si bien cuenta con un consejo directivo tripartito integrado por representantes del gobierno, de los empleadores y los trabajadores, en la práctica, ese equilibrio institucional está debilitado, porque el presidente ejecutivo que es designado por el gobierno concentra un poder considerable y discrecional que facilita la captura de la institución por intereses diversos, reduciendo la capacidad del consejo para ejercer no sólo la dirección estratégica sino la rendición de cuentas y el control de gestión.
El clientelismo político desmedido de estos últimos cinco años, la rotación permanente de sus gerentes, y el debilitamiento de los mecanismos de control de gestión y rendición de cuentas han facilitado que la planilla y las remuneraciones crezcan sin racionalidad alguna porque no guardan relación con la producción de las prestaciones de salud.
El Instituto Peruano de Economía (IPE) ha publicado hace pocos días en este diario un relevante informe de investigación sobre las remuneraciones de EsSalud que representan más de la mitad de su presupuesto total, demostrando que no sólo tienen un impacto negativo para la adecuada gestión de la entidad, sino que han crecido de manera excesiva en los últimos cinco años, ya que en el 2021 sólo alcanzaba el 40%. La calidad en la atención no depende sólo del factor humano, depende de la adecuada combinatoria de medicamentos, dispositivos, equipamiento, tecnología para apoyar el diagnostico e infraestructura. Si el grueso del presupuesto se va en personal, y este ni siquiera es productivo, hace inviable la prestación de servicios de salud y es lo que observamos con las largas listas de espera para consultas y cirugías.
Como bien señala el informe del IPE, EsSalud evidencia cómo mayores recursos presupuestales no implican más y mejores servicios y prestaciones de salud. El informe evidencia que mientras los ingresos de la entidad crecieron un 34% y el componente remunerativo creció en similar porcentaje, las consultas médicas solo lo hicieron en 21%, las cirugías sólo en 16% y el tiempo promedio de espera para una atención se duplicó, de 10 a 25 días. Una gestión ineficiente e ineficaz.
A julio del presente año, la planilla de EsSalud -según lo reportado en formato de la Contraloría- asciende a 63,816 plazas ocupadas y 6,955 vacantes; lo que hace que EsSalud ya supere los 70 mil trabajadores. Incluso, en lo que va del año, el gasto en planillas ejecutado ha superado en un 4% más lo presupuestado, es decir, el gasto en planillas crece sin control adecuado y sin metas de producción que lo acompañen.
Por tanto, la modernización de EsSalud no empieza con mayores presupuestos. En los últimos años, los ingresos de EsSalud han crecido incluso por encima de muchos sectores económicos, han crecido a tasas superiores al 8% anual, y en vez de optimizar y modernizar sus procesos de gestión, estos sólo se han ido a incrementar planillas, remuneraciones y bonos sin mayor productividad. La verdadera modernización de EsSalud empieza por recuperar su gobernanza desde un consejo directivo reformado según las mejores prácticas de gobierno corporativo, sólo así será capaz de proteger a la institución de la captura de intereses subalternos, colocando al asegurado en el centro de todas las decisiones.
