El debate en torno a las armas nucleares vuelve a estar en primera línea en medio de una guerra que tiene a Estados Unidos y a Irán como protagonistas. El tema parece haber entrado en un bucle, en un ciclo sin final, y las contradicciones comienzan a aparecer. Tal es así que el presidente Donald Trump tuvo que corregir a su número dos, J.D. Vance, y reiterar que la prioridad de su país es que el régimen iraní “no tenga armas nucleares”.
“El objetivo número uno es, y siempre será, que Irán no tenga, de ninguna forma, armas nucleares”, indicó el mandatario en redes sociales. Una postura que Estados Unidos mantiene desde hace varias décadas.
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Se trata de una corrección que revela las diferencias que hay en la cúpula de gobierno estadounidense.
¿Y qué es lo que dijo el vicepresidente? En entrevista con Fox News puso en segundo lugar la posibilidad de que Irán tenga armas nucleares. Incluso destacó que el precio del petróleo hoy esté “muy por debajo de los máximos de los primeros días del conflicto”.
“Ese es el objetivo número uno: mantener el petróleo y el gas baratos para los estadounidenses en todo nuestro país”, indicó J.D. Vance.
Para el analista Roberto Heimovits se trata de una contradicción que “no es sorprendente”. Y es que, comparado con Trump, J.D. Vance es menos propenso a intervenir en asuntos foráneos. “Más bien, podría calificárselo de aislacionista. Y en este caso, aunque muchas cosas que dice o hace Trump son objeto de crítica, a mí me parece que Trump tiene razón esta vez”, indica.
Según detalla el internacionalista, en conversación con El Comercio, esta postura no solo es un tema de la gestión de Donald Trump, sino que incluso sus predecesores como Joe Biden, Barack Obama o George W. Bush han dado proridad a la cuestión nuclear de Irán, “que es un enemigo declarado”.
“Eso sería sumamente amenazante para los intereses nacionales de Estados Unidos”, agrega.
Pero la historia no siempre fue así.
En 1977 el presidente Jimmy Carter dijo que “nos une una estrecha amistad” sobre la relación de Estados Unidos con Irán, entonces gobernado por el el sha Reza Pahlavi. Esto fue así hasta la revolución islámica de 1979, encabezada por Ruhollah Jomeini.
Una de las principales controversias ha sido el programa nuclear iraní, en el que el mismo Estados Unidos tuvo una participación inicial. Según un informe de BBC, en 1957 ambos estados firmaron un acuerdo de cooperación para el uso civil de la energía atómica. Era el programa Átomos para la Paz, del que también formaban parte otros países.
Luego, en 1967 Estados Unidos entregó a Irán un reactor nuclear de investigación y en 1970 Irán ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear. Hoy, bajo el régimen islámico, la situación es muy distinta. Irán cuenta con instalaciones nucleares como Natanz, Fordow e Isfahán. Tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel en junio del año pasado, se sospecha que dichas estructuras quedaron seriamente dañadas.
Pero la sombra del arma nuclear no solo viene de Irán. También proviene de Estados Unidos.
Marjorie Taylor Greene, excongresista y exaliada de Donald Trump, aseguró que el actual gobierno evalúa el posible uso de armas nucleares contra Irán, pese a su discurso triunfalista, informa la agencia EFE.
“Están discutiendo el uso de armas nucleares contra Irán en reuniones estratégicas. Sí, han leído bien. Es real. No estoy especulando. Es algo que sé”, aseveró la exparlamentaria. Incluso aludió a lo dicho por Trump y en una publicación en X indicó que “Irán no puede tener un arma nuclear. De acuerdo. Sin discusión. Pero exijo que Estados Unidos no use armas nucleares”.
Vale recordar que el país norteamericano es el segundo en cantidad de ojivas nucleares (más de 5 mil), después de Rusia. Incluso tiene el pesado rótulo de ser el único país en haber usado una bomba atómica durante un conflicto, específicamente la Segunda Guerra Mundial, en agosto de 1945. Destruyó las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.
Para Heimovits, la ex congresista Taylor Greene es “una fuente muy poco confiable”.
“Tiene ideas aislacionistas como Vans. Nunca quiso que Estados Unidos se involucrara en esta guerra, pero además es una señora de extrema derecha que expone con frecuencia teorías de conspiración. Así que su posición es bastante dudosa”, apunta.
A esto se suma sus diferencias con Trump.
Según el informe de EFE, Taylor Greene abandonó su escaño en enero después de que Trump declarara una campaña contra ella por sus diferencias en torno a la sanidad y a los archivos del Caso Epstein. La política exterior ha sido una de sus diferencias también y suele recordar que Trump prometió en campaña que no iniciaría nuevas guerras.
“[Trump] podría ser quien provoque un holocausto nuclear que probablemente arrastraría al mundo entero a un conflicto mayor, una depresión económica y un sufrimiento humano masivo”, ha advertido Taylor Greene.
Señala Heimovits que aun hay mucho margen de diferencia entre Irán y Estados Unidos, una potencia regional y una superpotencia, “y no es que esté en una situación desesperada que tiene que recurrir a medidas extremas”.
“Si quisiera hacerlo, en el marco de una estrategia adecuada, [Estados Unidos] tiene todavía muchos medios para utilizar contra Irán, para conseguir sus objetivos, antes de llegar al arma nuclear”, apunta el analista internacional. Y ese es el camino que parece seguir. Este lunes 17 también se anunció un contrato de 22.900 millones de dólares con la empresa Raytheon para acelerar la producción del misil Tomahawk, con la finalidad de reforzar la Armada estadounidense.
¿Qué rumbo está tomando esta guerra?
Desde el 28 de febrero se ha pasado por los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel, la respuesta masiva de Irán contra bases militares estadounidenses en diversos países de la región, varios momentos de tregua, diálogo, ruptura del diálogo, nuevos bombardeos, etc.
El presidente Trump recalcó este lunes 17 que Irán debe “izar la bandera blanca y rendirse”. También amenazó con bombardear Omán si es que negocia con Irán, conversaciones que hoy se encuentran paralizadas. Además, el estrecho de Ormuz se mantiene cerrado.
En entrevista con Fox News indicó Trump que los negociadores iraníes son “buenos jugadores de póker” pero “están muriendo”.
Por su parte, desde Teherán se anuncia que se pasará de una “postura defensiva” a un carácter “ofensivo”. Señala un informe de la agencia EFE que un alto comandante de la Guardia Revolucionaria iraní abogó en la agencia estatal de noticias por una “reorganización, modernización y desarrollo de la doctrina de defensa de la República Islámica”.
También se ha conocido una recompensa equivalente a 30.000 dólares para quien mate o capture y entregue a un soldado estadounidense. Y si lo lleva a cabo una mujer, “recibirá el doble de esta recompensa”.
Casi seis meses después de iniciada la guerra, señala Heimovits que “el conflicto está empantanado”.
“Más que llegar a un acuerdo, la posibilidad es que se mantenga esta situación de ‘tregua salpicada’ por choques armados. Por ejemplo, Irán está volviendo a atacar algunos cargueros que intentaban cruzar el estrecho. Entonces, tarde o temprano Estados Unidos va a tomar represalias. Después van a llegar a otra tregua, más represalias, más ataques armados. Eso es lo que parece que habrá por el momento, y no un acuerdo definitivo, que estaría todavía a semanas o inclusive meses de distancia”, remarca.
Además, la posibilidad de un entendimiento aun parece lejana, por los requerimientos de ambos países. Y un detalle que advierte Heimovits es que en Irán “el ala más radical está tomando cada vez más fuerza en el régimen”.
A pesar de ello, y tras vencerse el plazo del memorándum de entendimiento, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha instado a Estados Unidos e Irán reanudar las negociaciones para alcanzar un acuerdo “lo antes posible”.
